Quance on Varo

I like this review so I am reproducing it shamelessly.

Remedios Varo. Caminos del conocimiento, la creación y el
exilio.
María José González Madrid y Rosa Rius Gatell (eds.)
Madrid, Eutelequia, 2013, 225 pp. ISBN: 978-84-940412-9-7

Remedios Varo (Anglès, 1908-México, D.F., 1963) saltó a la fama a finales de los
años ochenta tras la publicación de la primera biografía y estudio de Janet Kaplan
(Viajes inesperados / Unexpected Journeys, 1988). Fue entonces cuando una gran
retrospectiva de la pintora organizada en Madrid puso delante de los ojos
asombrados del público una obra en su mayor parte desconocida, salvo un
puñado de óleos y dibujos tempranos, recuperados para exposiciones dedicadas
al surrealismo de entreguerras. En años sucesivos los estudios y exposiciones se
han multiplicado, pero las líneas generales con que se presentaba entonces a la
pintora —objeto de estudio durante años en México— se mantienen incólumes.
Los investigadores presentaban a una artista iniciada en el surrealismo europeo
pero con una obra sólo lograda durante los años de exilio. Efectivamente, aunque
Varo se acercó al surrealismo en Barcelona y París y se valió toda su vida de
técnicas comunes al grupo, fue en México donde se independizó y creó su obra
madura. Su pintura era manifiestamente literaria: con la precisión de los viejos
maestros flamencos, tejía historias en torno a heroínas o seres andróginos
procedentes de otros mundos y otros tiempos, como si la pintora se hubiera
propuesto captar la fantasmagoría de cuentos de hadas de su propia invención.
Esas telas iban a ser un paraíso para exegetas, ya que al lado de científicos, brujas,
vampiros y magos resplandecían símbolos herméticos perennes, que invitaban al
espectador a recomponer las piezas de una antigua gnosis —aunque, esta vez, de
tintes femeninos.

Este nuevo libro reúne los textos de nueve investigadoras de Estados Unidos,
España y México, que participaron en los seminarios dedicados a Remedios Varo
en la Universitat de Barcelona en 2008 y 2009, para dar un nuevo impulso a los
estudios sobre la pintora. Desde distintos campos —filosofía (Rius), historia
intelectual (Mangini, Rodrigo), literatura (Salmerón), historia del arte (Kaplan,
González, Arcq), o dos campos a la vez, literatura y arte (Castells, Zanetta)—, se
indaga en los resortes de un extraordinario corpus y en sus implicaciones. Kaplan
amplía ahora el capítulo que dedicó a las obras realizadas por Varo en Barcelona,
antes de estallar la Guerra Civil, para demostrar la continuidad entre los temas
maduros y los primeros dibujos, pinturas, collages y cadáveres exquisitos. Isabel
Castells analiza cómo se tejen historias en la obra de Remedios Varo, señalando
técnicas narrativas y cinemáticas que desafían los límites de la representación
pictórica, y esclarece referencias a autores tan dispares como Novalis y Zola.
Insistiendo en las lecturas de Varo como elemento esencial para la
contextualización de su pintura, la investigadora mexicana Tere Arcq ofrece un
resumen de las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky y muestra cómo la lectura
de estos maestros proporcionaba un modelo de universo que la pintora adoptaría
como suyo. El ensayo de Rosa Rius enriquece esta perspectiva al incidir en cómo
el neoplatonismo proporcionaba claves para comprender la armoniosa
integración del ser humano en el cosmos. Y María José González Madrid
profundiza en las metas y modalidades de la alquimia para explicar cómo el
ejercicio de la pintura se convertía en la Gran Obra de transmutación del ser en
oro.

Se sostenía desde el principio que la pintura de Varo era sincrética, y que
integraba influencias que iban del Tao a la brujería o la alquimia, o de la
psicología de Jung a las teorías de Einstein y Ouspensky. Esto quiere decir que
casi todas las pinturas que Varo realizó en su “década prodigiosa” —el periodo
anterior a su muerte— se prestan a lecturas diferentes pero complementarias,
según el pensamiento que se resalte en ellas. Convergen acaso las metáforas
empleadas para describir la trayectoria de la pintora (un viaje), su visión del
cosmos (un tejido) o la meta que perseguirían la pintora y sus protagonistas: para
Shirley Mangini se trata de un renacimiento tras los conflictos europeos de los
que huía en 1941; otras hacen hincapié en la búsqueda de un “conocimiento
superior” (al decir de la artista) o el dominio de los últimos secretos de la
naturaleza (Rius, González, Arcq).

El discurso que se ha hilado en torno a la pintora roza a veces con los
términos “misticismo” o “transcendencia”, sobre todo al hablar de las doctrinas
alquímicas o de los postulados de Gurdjieff, ya que los adeptos de unas y otros
perseguían una meta sobrehumana: ni más ni menos que la perfección del ser.
Varo dejó atrás la fe de su infancia (al igual que Maruja Mallo y a diferencia de
Delhy Tejero, según Mangini), por lo que no se puede hablar en su caso de
misticismo cristiano. Desde luego, hay poco ascetismo y nada de pecado o
expiación de culpa en su pintura. La huella del catolicismo es casi inexistente
salvo quizá como evocación de un pasado del que se huía. Por eso sin duda se
dice que la atmósfera de su pintura no es religiosa, sino “pagana” (Castells) o que
ha asimilado la cosmovisión de la prisca theologia (Rius). Se podría hablar, me
parece, de una especie de religión o mito en estado naciente: una disposición
hacia el cosmos que pretende re-ligare, captar la unidad de todo lo visible e in-
visible, y que no se limita a las instituciones. Lo que varias advierten, en todo
caso, es que Varo desarrolla sus temas con un toque humorístico. Es tan viable,
por ejemplo, analizar su última obra Naturaleza muerta resucitando (1963) a la
luz de los ciclos eternos de la naturaleza como postular que allí se acaba de
celebrar una sesión espiritista.

Cuatro de los ensayos analizan la relación de la artista con sus coetáneas,
enfocando o la obra, o la persona, o el entorno. En un ensayo que conjuga con
especial amenidad la anécdota personal con lo académico, Julia Salmerón
pregunta hasta qué punto existiría una complementariedad entre Varo y Leonora . . .

To be continued.

Axé.

Remedios Varo. Caminos del conocimiento, la creación y el exilio María José González Madrid y Rosa Rius Gatell (eds.) Madrid, Eutelequia, 2013, 225 pp. ISBN: 978-84-940412-9-7

Remedios Varo (Anglès, 1908-México, D.F., 1963) saltó a la fama a finales de los años ochenta tras la publicación de la primera biografía y estudio de Janet Kaplan (Viajes inesperados / Unexpected Journeys, 1988). Fue entonces cuando una gran retrospectiva de la pintora organizada en Madrid puso delante de los ojos asombrados del público una obra en su mayor parte desconocida, salvo un puñado de óleos y dibujos tempranos, recuperados para exposiciones dedicadas al surrealismo de entreguerras. En años sucesivos los estudios y exposiciones se han multiplicado, pero las líneas generales con que se presentaba entonces a la pintora —objeto de estudio durante años en México— se mantienen incólumes. Los investigadores presentaban a una artista iniciada en el surrealismo europeo pero con una obra sólo lograda durante los años de exilio. Efectivamente, aunque Varo se acercó al surrealismo en Barcelona y París y se valió toda su vida de técnicas comunes al grupo, fue en México donde se independizó y creó su obra madura. Su pintura era manifiestamente literaria: con la precisión de los viejos maestros flamencos, tejía historias en torno a heroínas o seres andróginos procedentes de otros mundos y otros tiempos, como si la pintora se hubiera propuesto captar la fantasmagoría de cuentos de hadas de su propia invención. Esas telas iban a ser un paraíso para exegetas, ya que al lado de científicos, brujas, vampiros y magos resplandecían símbolos herméticos perennes, que invitaban al espectador a recomponer las piezas de una antigua gnosis —aunque, esta vez, de tintes femeninos. Este nuevo libro reúne los textos de nueve investigadoras de Estados Unidos, España y México, que participaron en los seminarios dedicados a Remedios Varo en la Universitat de Barcelona en 2008 y 2009, para dar un nuevo impulso a los estudios sobre la pintora. Desde distintos campos —filosofía (Rius), historia intelectual (Mangini, Rodrigo), literatura (Salmerón), historia del arte (Kaplan, González, Arcq), o dos campos a la vez, literatura y arte (Castells, Zanetta)—, se indaga en los resortes de un extraordinario corpus y en sus implicaciones. Kaplan amplía ahora el capítulo que dedicó a las obras realizadas por Varo en Barcelona, antes de estallar la Guerra Civil, para demostrar la continuidad entre los temas maduros y los primeros dibujos, pinturas, collages y cadáveres exquisitos. Isabel Castells analiza cómo se tejen historias en la obra de Remedios Varo, señalando técnicas narrativas y cinemáticas que desafían los límites de la representación pictórica, y esclarece referencias a autores tan dispares como Novalis y Zola. Insistiendo en las lecturas de Varo como elemento esencial para la contextualización de su pintura, la investigadora mexicana Tere Arcq ofrece un resumen de las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky y muestra cómo la lectura de estos maestros proporcionaba un modelo de universo que la pintora adoptaría como suyo. El ensayo de Rosa Rius enriquece esta perspectiva al incidir en cómo el neoplatonismo proporcionaba claves para comprender la armoniosa integración del ser humano en el cosmos. Y María José González Madrid profundiza en las metas y modalidades de la alquimia para explicar cómo el ejercicio de la pintura se convertía en la Gran Obra de transmutación del ser en oro. Se sostenía desde el principio que la pintura de Varo era sincrética, y que integraba influencias que iban del Tao a la brujería o la alquimia, o de la psicología de Jung a las teorías de Einstein y Ouspensky. Esto quiere decir que casi todas las pinturas que Varo realizó en su “década prodigiosa” —el periodo anterior a su muerte— se prestan a lecturas diferentes pero complementarias, según el pensamiento que se resalte en ellas. Convergen acaso las metáforas empleadas para describir la trayectoria de la pintora (un viaje), su visión del cosmos (un tejido) o la meta que perseguirían la pintora y sus protagonistas: para Shirley Mangini se trata de un renacimiento tras los conflictos europeos de los que huía en 1941; otras hacen hincapié en la búsqueda de un “conocimiento superior” (al decir de la artista) o el dominio de los últimos secretos de la naturaleza (Rius, González, Arcq). El discurso que se ha hilado en torno a la pintora roza a veces con los términos “misticismo” o “transcendencia”, sobre todo al hablar de las doctrinas alquímicas o de los postulados de Gurdjieff, ya que los adeptos de unas y otros perseguían una meta sobrehumana: ni más ni menos que la perfección del ser. Varo dejó atrás la fe de su infancia (al igual que Maruja Mallo y a diferencia de Delhy Tejero, según Mangini), por lo que no se puede hablar en su caso de misticismo cristiano. Desde luego, hay poco ascetismo y nada de pecado o expiación de culpa en su pintura. La huella del catolicismo es casi inexistente salvo quizá como evocación de un pasado del que se huía. Por eso sin duda se dice que la atmósfera de su pintura no es religiosa, sino “pagana” (Castells) o que ha asimilado la cosmovisión de la prisca theologia (Rius). Se podría hablar, me parece, de una especie de religión o mito en estado naciente: una disposición hacia el cosmos que pretende re-ligare, captar la unidad de todo lo visible e in-visible, y que no se limita a las instituciones. Lo que varias advierten, en todo caso, es que Varo desarrolla sus temas con un toque humorístico. Es tan viable, por ejemplo, analizar su última obra Naturaleza muerta resucitando (1963) a la luz de los ciclos eternos de la naturaleza como postular que allí se acaba de celebrar una sesión espiritista. Cuatro de los ensayos analizan la relación de la artista con sus coetáneas, enfocando o la obra, o la persona, o el entorno. En un ensayo que conjuga con especial amenidad la anécdota personal con lo académico, Julia Salmerón pregunta hasta qué punto existiría una complementariedad entre Varo y Leonora Carrington y si la estrecha amistad que las unía no desafía nuestros prejuicios sobre la individualidad y la originalidad. El ensayo de Alejandra Zanetta va encaminado a demostrar que en la obra de Varo, al igual que en la de Ángeles Santos y Maruja Mallo, se aprecia un simbolismo y una serie de valores inspirados en el concepto de la diosa (una soñada hermandad entre iguales, una reconciliación con la naturaleza). Mangini aborda la cuestión del exilio y del peso que tuvo la guerra civil en tres pintoras que buscaban, cada una a su manera —pero con desigual fortuna— liberarse de los fantasmas de su país en guerra. Por último Antonina Rodrigo estudia la labor en México de tres artistas coetáneas de Varo —Manuela Ballester, Elvira Gascón y María Teresa Toral—, para rescatar su memoria en el país natal. Para facilitar el acceso al análisis se ha incluido al final un generoso conjunto de ilustraciones en color, junto a una bibliografía y cronología de la trayectoria de la artista. De esa manera el libro se lee como una excelente y necesaria herramienta para especialistas al tiempo que sirve de introducción a un público más amplio. ROBERTA ANN QUANCE


One thought on “Quance on Varo

  1. Hi Leslie,

    Thanks for this!

    Roberta

    ‪El mié, 15 dic 2021 a las 22:11, coldhearted scientist وداد‎ () escribió:‬

    > Z posted: ” I like this review so I am reproducing it shamelessly. > Remedios Varo. Caminos del conocimiento, la creación y elexilioMaría José > González Madrid y Rosa Rius Gatell (eds.)Madrid, Eutelequia, 2013, 225 pp. > ISBN: 978-84-940412-9-7 Remedios Varo (Anglè” >

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